viernes, 25 de noviembre de 2016

Las Albóndigas y la crisis

Las Albondigas y la crisis
Había una vez una persona que vivía al lado de una carretera donde vendía unas ricas albóndigas con pan. Estaba muy ocupado y por lo tanto no oía radio, no leía los periódicos ni veía la televisión. Alquiló un trozo de terreno, colocó una gran valla y anunció su mercancía gritando a todo pulmón: “Compren deliciosas albóndigas calientes”.
Y la gente se las compraba. Aumentó la adquisición de pan y carne. Compró un terreno más grande para poder ocuparse de su negocio, y trabajó tanto que dispuso que su hijo dejara la Universidad donde estudiaba Ciencias Comerciales a fin de que le ayudara. Sin embargo, ocurrió algo muy importante; su hijo le dijo: “Viejo, ¿tú no escuchas la radio, ni lees los periódicos…?. Estamos sufriendo una grave crisis!. La situación es realmente mala; peor no podría estar!
El padre pensó: “Mi hijo estudia en la Universidad, lee los diarios, ve televisión y escucha la radio. Debe saber mejor que yo lo que está pasando. Compró entonces menos pan y menos carne. Sacó la valla anunciadora, dejo el alquiler del terreno con el fin de eliminar los gastos y ya no anunció sus ricas albóndigas con pan. Y las ventas fueron disminuyendo cada día más
“Tenías razón hijo mío”, le dijo al muchacho. “Verdaderamente estamos sufriendo una gran crisis”
Resulta posible pensar que quello de lo que hablamos, es lo que finalmente alimentamos. Si hablamos de crisis, eso es lo que crecerá. Hablemos sólo de hacer buenos negocios, buenos trabajos y buenas tareas. Si nos programamos para fracasar, fracasaremos. Si nos mentalizamos para ganar, ganaremos.

martes, 22 de noviembre de 2016

Las tres preguntas más importantes

Las tres preguntas más importantes

Había un rey que pasaba sus días reflexionando sobre tres preguntas de suma importancia. En este mundo: ¿qué persona es la más importante? ¿qué cosa es la más importante? y ¿cuál es el momento crucial para actuar?

Ninguno de sus consejeros era capaz de respondérselas. Hasta que un día en uno de sus paseos de incógnito llegó a un lugar alejado y buscó albergue en la casa de un venerable anciano para pasar la noche.

Un ruido lo despertó de madrugada, y vio que un hombre cubierto de sangre irrumpía en la casa del anciano. El hombre dijo:

-Me vienen siguiendo

El anciano respondió: será mejor que entres y te escondas

Al rato llegaron los soldados perseguidores que preguntaron al anciano: ¿Has visto a un hombre que pasaba corriendo? A lo que el anciano contestó que no sabía y los soldados siguieron el camino

Poco después el hombre perseguido dijo unas palabras de agradecimiento y se marchó.

A la mañana siguiente, el rey le preguntó: ¿Es que no temes que caiga sobre ti alguna desgracia? ¿Cómo te atreviste a dejar entrar a aquel hombre del que nada sabías?

El anciano respondió sin inmutarse:

-Es que no hay en el mundo persona más importante que la que en este preciso instante necesita ayuda; no hay cosa más importante que prestar esa ayuda de inmediato; no hay momento más importante que este momento.

Las tres preguntas del rey quedaron contestadas.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Cuento : La bolita

Cuento : La bolita

Por exigencias del protocolo, un rey que tiranizaba sin piedad al pueblo, tenía que salir de su fortaleza en una carroza de oro, recorrer la Avenida Central hasta el parque en donde lo esperaba su ejército, y rendir honores a la bandera.

Tanto era el descontento que su régimen rapaz había sembrado, que el tirano temía por su vida. Sus secuaces tomaron todas las precauciones imaginables: el mandatario fue cubierto con una malla de acero; la carroza, rodeada por lanceros montados a caballo; el camino, bordeado por espadachines para impedir que el pueblo se acercara al carruaje dorado. En los techos y ventanas se distribuyeron miles de arqueros prestos a lanzar sus flechas al menor gesto sospechoso. Cerraron las vías de acceso y sólo dejaron entrar ciudadanos que habían sido celosamente registrados. Para rematar estas cautelas, colocaron escudos en la carroza y un techo de acero… ¡Comenzó el desfile!

La multitud, aterrada, no osaba mover un dedo. Un anciano que estornudó fue atravesado por cien flechas… El hijo de un guardián, sentado junto a su padre, jugaba a las canicas mientras éste vigilaba a los espectadores. El niño, al ver ese imponente y amenazador carruaje, se asustó tanto que dejó caer una de sus bolitas. Ésta rodó por entre los cascos de los caballos y fue a dar justo debajo de una rueda que, al pasar sobre ella, rebotó y salió de su eje provocando que el carro se volcara y que el tirano pereciera aplastado bajo el peso de sus blindajes.

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