domingo, 24 de noviembre de 2019

Aprende a vivir disfrutando

Aprende a vivir disfrutando con estos 36 consejos de Mensaje Positivo que te ayudarán a tener una vida plena, llena de felicidad.

Aprende a vivir disfrutando

Aprende a vivir disfrutando

1. Camina de 10 a 30 minutos todos los días; mientras caminas, sonríe.
2. Siéntate en silencio por lo menos 10 minutos cada día.
3. Escucha buena música todos los días, es auténtico alimento para el espíritu.
4. Al levantarte en la mañana, hazte un propósito definido.
5. Vive con las tres E: Energía, Entusiasmo y Empatía.
6. Dedica un rato a algo ocioso y divertido .
7. Lee un libro.
8. Mira al cielo al menos una vez al día y date cuenta de la majestuosidad del mundo que te rodea.
9. Sueña más mientras estás despierto.
10. Trata de sacar una sonrisa a por lo menos tres personas cada día.
11. Elimina el desorden de tu vida y deja que nueva energía fluya.
12. No gastes tu precioso tiempo en críticas, cosas del pasado, pensamientos negativos o cosas fuera de tu control. Mejor invierte tu energía en lo positivo del presente.
13. Date cuenta que la vida es una escuela y tú estás aquí para aprender. Los problemas son lecciones que van y vienen; lo que aprendes de estos es para toda la vida.
14. Sonríe y ríe más.
15. No dejes pasar la oportunidad de abrazar a quien quieres.
16. Deja de lado los juicios innecesarios.
17. No te tomes a ti mismo tan en serio; nadie más lo hace.
18. No tienes que ganar cada discusión; acepta que no estás de acuerdo y aprende del otro.
19. Ponte en paz con tu pasado; así no arruinará tu presente.
20. No compares tu vida con la de otros; no tienes idea del camino que ellos han andado en la vida.
21. Nadie está a cargo de tu felicidad excepto tú mismo.
22. Recuerda que tú no tienes el control de todo lo que te sucede, pero sí de lo que haces con ello.
23. Aprende algo nuevo cada día.
24. Lo que la demás gente piense de ti no es de tu incumbencia.
25. Aprecia tu cuerpo y cuídalo.
26. No importa que tan buena o mala sea la situación, ésta cambiará.
27. Tu trabajo no se ocupará de ti cuando estés enfermo; tus amigos sí lo harán. Mantente en contacto con ellos.
28. Desecha cualquier cosa que no sea útil, bonita o divertida.
29. La envidia es una pérdida de tiempo; tú ya tienes todo lo que necesitas.
30. Lo mejor está aún por venir.
31. No importa cómo te sientas, levántate, vístete y asiste.
32. Llama a tus familiares con frecuencia y mándales correos diciéndoles que piensas en ellos.
33. Cada noche antes de acostarse da gracias por lo recibido y logrado.
34. Recuerda que estás demasiado bendecido como para estar estresado.
35. Disfruta del viaje. Sólo tienes una oportunidad; sácale el mayor provecho.
36. La vida es bella, ábrete a cada instante!

sábado, 9 de noviembre de 2019

Los árboles sagrados celtas

Los árboles sagrados celtas

Los árboles sagrados y los bosques eran símbolos de vida y de protección y, en torno a ellos, se centraba su cultura.
Inspirados en la magia estacional de los bosques, los druidas desarrollaron un calendario/horóscopo protector.
Los bosques representaban, para los druidas, catedrales; y en torno a sus árboles sagrados celebraban fiestas, rituales y ceremonias.
Esta cosmovisión – y como era habitual también en otras culturas coetáneas de los celtas – estaba ligada a la Luna. Sus fases fueron el referente por el que transcurría su diaria existencia, las labores del campo y los acontecimientos vitales.

El calendario basado en los árboles sagrados celtas

Los druidas dividieron el tiempo en 30 meses (o fases lunares) y 21 árboles sagrados celtas regían cada etapa del año, los nacimientos y el carácter de los nacidos en su periodo correspondiente; además de proteger con sus frutos frente a las vicisitudes de la vida.

Estos 21 árboles se dividían de la siguiente manera:

• 4 árboles sagrados para los equinoccios y solsticios:

Olivo para el equinoccio de otoño (23 de septiembre)

Roble para el equinoccio de primavera (21 de marzo)

Abedul para el solsticio de verano (24 de junio)

Haya para el solsticio de invierno (22 de diciembre)

• 17 árboles sagrados repartidos en tres grupos:

1. Grupo al que pertenecen las personas conservadoras y con talento organizativo.
Roble – Haya – Olmo – Tilo – Nogal – Castaño – Higuera
2. Este Grupo correspondería a las personas con capacidad intelectual muy desarrollada.
Olivo – Manzano – Abeto – Ciprés – Cedro – Pino – Arce
3. Por último, este grupo englobaría a las personas con imaginación y capacidad de síntesis.
Abedul – Álamo – Sauce – Avellano – Serbal – Fresno – Carpe
Cierto es que para la cultura celta, toda la naturaleza que les rodeaba estaba imbuida de carácter sagrado.
Sus sitios de veneración eran tan diversos como diverso era su entorno: ciertas colinas, cavernas, lagos, claros de bosques, círculos de piedra eran considerados sagrados por su vinculación a acontecimientos significativos del pasado o por servir de límites a campos sembrados de trébol.

Los pozos, manantiales, fuentes y estanques tenían carácter femenino por simbolizar pasajes de agua que conducían al útero subterráneo de la Gran Madre.
Sin embargo, la preferencia de los druidas eran los bosques y, sobre todo, las arboledas de robles.
Para terminar, un vestigio curioso de ese carácter sagrado que los celtas atribuyeron a sus árboles, ya que consideraban que los druidas, tras la muerte, se encarnaban en árboles y seguían velando por la comunidad, es el dicho popular de “tocar madera”.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Abandono (Reflexión de Gabriel Rolón)

Una brutal reflexión de Gabriel Rolón con mensaje positivo que nos toca las fibras más íntimas y quizás por eso se volvió viral en las redes sociales. Aquí la compartimos con ustedes.

Abandono (Reflexión de Gabriel Rolón)

Mensaje Positivo : Abandono (Reflexión de Gabriel Rolón)

A todos nos abandonaron un día. Y cuando digo abandonar, no me refiero sólo a un acto extraordinario.
Traumático. No. Es más simple. Pero duele igual.

A todos nos abandonaron en el medio de un quilombo.
En el inicio de un proyecto.
En el placer del logro cumplido.
En el momento menos pensado.
En el momento más esperado.

A veces pasa, que te das vuelta y no tenés quien te junte los mocos, quien te dé la palmada en la espalda, quien te guiñe el ojo cuando algo te salió bien y quien te limpie las rodillas cuando te fuiste al pasto.

Todos sabemos de la soledad que se siente cuando nos sentimos solos.
Porque todos fuimos abandonados un día.

Y entonces, encontramos un secreto tristísimo, un acto paliativo, para tapar ese pozo.

Vemos gente que se come la angustia tragándose un paquete de cigarrillos,
el otro que corre y corre como un loco a ver si el viento en la cara le vuela ese agujero en el pecho.

Personas que se comen las uñas junto con los nervios y la ansiedad paralizante.
Paquetes de galletitas que van a parar a la boca sin noción de que lo que se intenta matar, no es el hambre.
O por lo menos, no ese.

Pibes que se perforan la nariz y las venas, con alguna que otra cosa que lo pase a otra realidad por un par de horas.
El otro se pone a jugar lo que no tiene.
Vos comprarás compulsivamente cosas que no necesitás, para sentirte un poco vivo por un instante.

Y yo me quedaré mirando una película, que me habilita disimuladamente a llorar mirando afuera, lo que no tengo ganas de mirar adentro.

Es que somos tan jodidos con nosotros mismos que cuando peor estamos, es cuando más nos castigamos.

Porque todo eso que te comés, te come a vos.
Te pone peor.
Te suma al abandono, la culpa de hacer algo que sabés que no es genuino.
Que no es lo que querés.

No comés así por hambre.
No corrés por deporte, cuando te estás rajando de vos.
No te intoxicás por placer.
No te acostás con esa mina por amor.
Tapás.
Escondés.
Tirás abajo de la alfombra.
Cerrás los ojos.
Te ponés un bozal y un par de auriculares para no escuchar tu corazón.

Date cuenta.
Te estás comiendo a vos.
Y quizá, el secreto esté en frenar.
En sentir.
En recordar, que en ese abandono lo que te falta, es lo que tenés que buscar.

Amor.

Quizá sea hora de pedir ese abrazo.
De acostarte en las rodillas de tu mamá.
De poner la pava y llamar diciendo, sí, te juro que te necesito.
Es ahora. Después no. Ahora.

Andá a esa casa. Hablá con quién te escucha. Llorá. Gritá.
Decí. Vomitá. Pedí. Da.

Ahora.

Hacer malabares, en medio del despelote, no tiene más que un resultado despelotado. Resultado que no va a curar la herida que te sangra, porque le estás metiendo una curita.
Y las curitas no curan.
Las curitas tapan.
Y vos sabés muy bien que el dolor tapado no es dolor sanado.

Pará un poquito. Mirá en el espejo de tu alma. Frená.
Mirá lo que te falta y salí a buscarlo en dónde creas que lo puedas encontrar. De verdad.

No revolotees como mosca en platos vacíos.
Pedí lo que necesitás si ves que solo no podés.

Porque no hay peor abandono que el que se hace a uno mismo. Con eso no se juega.
No tenés derecho.

Vayas donde vayas tu casa, está dentro

Un día conocí a alguien que me enseñó un poco más que lo que ya sabía del mundo.
No importa si estas en tu casa, tomando un mate con un pan con manteca, o si estas probando cosas viscosas en plena calle Tailandesa. No necesitas un techo que sea todos los días el mismo, ni los mismos amigos toda la vida. Necesitas transformarte, y hacerle caso al cambio. Moverte cuando lo necesites, e ir dejando un camino para atrás que te de orgullo, pero que no necesites volver a caminar.
Decile "te quiero" o "quedate" cuando tengas ganas, que esa; es la única manera de sacarte la espina eterna de "que hubiera pasado si hubieras dicho lo que realmente querías" aquel día. Camina siempre a fondo, que la vida es una.... y que no sabemos cuanto dura (Si, no sabemos cuanto dura).
Agarrá a tus viejos, hoy que están; y deciles que son parte fundamental de lo que sos. Que lo hicieron todo lo bien que pudieron, que los amas... pero que lo vas a hacer mejor!. Y si no están, hablale al cielo. Pero soltá. Porque llevar cargas está pasado de moda, y sobre todo no te hace más feliz. Caminá para adelante sin sentir que atrás no diste lo mejor de vos.
Movete, como se mueve el cielo, y el mar... y como se mueve la tierra. No te aferres a las cosas. Que llegaste sin nada, y tampoco vas a llevarte nada. Solo momentos. El auto no se va con vos. Ni la casa que te compraste.
Se van los momentos.
Se va ese día que te re cagaste de frío durmiendo en una playa con la persona que te gustaba, se va aquella comida que hiciste un domingo y que llenó la casa de risas, se van los abrazos que diste, el día que lloraste con todas tus fuerzas, y los te amo que te ganaste a puro huevo, y sobre todo los que diste.
No importa nada cuantos cuartos tenga la casa, porque la habitación más grande de todas.... es el alma.
Camina siempre a fondo. No importa que sea lento o rápido. Tenes la suerte de elegir cada paso, siempre.

Un día conocí a alguien que me enseñó un poco más que lo que ya sabía del mundo.
Me contó esto:
"Vayas donde vayas tu casa está dentro"

Vayas donde vayas tu casa, está dentro

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